Una salida extravehicular estándar desde la Estación Espacial Internacional dura unas seis horas y media. La cifra que casi nunca aparece al lado es la del ensayo: la regla que manejan los equipos de entrenamiento ronda las siete horas de piscina por cada hora fuera. Eso sitúa una sola salida en el entorno de las cuarenta y cinco horas de agua, repartidas en siete u ocho sesiones de jornada completa.
Y esas cuarenta y cinco horas son solo el bloque más visible. Antes hay maquetas secas, ajustes de talla, pruebas de guante, ensayos de la cronología con el control de misión y sesiones de realidad virtual para practicar traslados imposibles de reproducir bajo el agua. Después, ya en órbita, hay una revisión completa del traje y un protocolo de prerrespiración que puede ocupar desde un par de horas hasta una noche entera.
Lo que sigue es el recorrido completo, en el orden real en que ocurre, con las cifras públicas de cada etapa y con los puntos donde el ensayo en tierra deja de parecerse a lo que pasa arriba. Porque la piscina no reproduce el vacío ni la temperatura: reproduce el estorbo.
En síntesis
- La proporción. Unas siete horas de piscina por hora de salida. Una EVA de seis horas y media se lleva alrededor de cuarenta y cinco horas de agua.
- El formato. Sesiones de unas seis horas sumergido, con varios buzos de apoyo por cada astronauta.
- El cuello de botella. El guante. Trabajar con las manos dentro de un volumen presurizado agota antes que cualquier otra cosa.
- El paso previo obligatorio. Purgar el nitrógeno de la sangre antes de bajar a la presión del traje, para evitar la enfermedad por descompresión.
- Lo que la piscina no da. Vacío, temperatura, ausencia real de arriba y abajo, y la inercia limpia de una masa grande sin agua alrededor.
Cuántas horas exige el entrenamiento para un paseo espacial
El cálculo se hace tarea por tarea, no por salida completa. Cada bloque del procedimiento —abrir un panel, sustituir una unidad, tender un cable, montar un asidero— tiene un tiempo estimado y un número de repeticiones asignado. La suma de esos bloques da la duración prevista de la EVA, y multiplicarla por el factor de ensayo da las horas de piscina.
El factor no es fijo. Una tarea repetida muchas veces por tripulaciones anteriores necesita menos repeticiones que una operación nueva sobre una pieza que nunca se ha manipulado en órbita. En instalaciones complejas o cuando hay que improvisar una reparación no prevista, la proporción sube y el calendario se comprime a base de sesiones consecutivas.
A eso se añade una parte genérica. Todo astronauta pasa por sesiones de flotabilidad neutra durante su formación básica, mucho antes de tener asignada una misión concreta. Ese fondo de horas no cuenta para una salida en particular, pero explica por qué un veterano necesita menos ensayo específico que alguien que se sumerge con traje por décima vez en su vida.
La respuesta corta a la pregunta del título, entonces, tiene dos partes: unas cuarenta y cinco horas de agua para la salida concreta, sobre un colchón previo de varios cientos de horas acumuladas.
La piscina no simula el vacío, simula el estorbo
La flotabilidad neutra engaña bien en una sola dimensión: elimina la sensación de peso. Con lastre y flotadores repartidos por el traje, el conjunto ni sube ni baja, y el astronauta puede colocarse en cualquier orientación respecto a la maqueta. Eso es lo que se necesita para ensayar la coreografía de una tarea externa.
Fuera de esa dimensión, las diferencias son grandes y conviene tenerlas presentes. El agua opone resistencia: un movimiento brusco se frena solo, cosa que en órbita no ocurre. La masa sigue ahí, pero su inercia queda enmascarada por el arrastre. Y el cuerpo conserva referencias vestibulares de arriba y abajo que en microgravedad desaparecen, con las consecuencias que eso tiene sobre la orientación y sobre el malestar de las primeras horas.
Tampoco hay vacío. El traje en la piscina no está presurizado a la diferencia que soporta en órbita, la temperatura del agua ronda los treinta grados y no existe el contraste entre la cara iluminada y la cara en sombra, que en el exterior de la estación puede superar los doscientos grados de diferencia.
Por eso la piscina se combina siempre con otras instalaciones. Ninguna reproduce el entorno completo, y el entrenamiento consiste en repartir cada aspecto entre la herramienta que mejor lo imita. Es el mismo principio que gobierna la preparación para la vida prolongada en el espacio.
Dentro del laboratorio de flotabilidad neutra

La instalación principal está en Houston y es, sencillamente, una piscina enorme con maquetas sumergidas de segmentos de la estación. Sus dimensiones aproximadas son sesenta y dos metros de largo, treinta y uno de ancho y doce de profundidad, con más de veintitrés millones de litros de agua.
Una sesión típica dura alrededor de seis horas dentro del agua. Antes hay una hora larga de preparación: colocación del traje, conexión de umbilicales, y el ajuste de lastre que deja al conjunto verdaderamente neutro. Ese ajuste se repite cada vez, porque cualquier cambio de herramientas o de configuración altera el equilibrio.
Bajo el agua no está solo. Cada astronauta trabaja acompañado por varios buzos: los de seguridad, atentos a cualquier problema con el suministro de aire o con la postura; los de utilidad, que mueven piezas y ajustan lastre; y los de vídeo, que graban desde los ángulos que después se revisan en la sesión de análisis. Esa revisión posterior es donde se corrigen los errores de coreografía.
No es la única piscina de este tipo. La Agencia Espacial Europea mantiene su propia instalación de flotabilidad neutra en el centro de astronautas de Colonia, de menor tamaño, empleada para formación y para desarrollo de procedimientos.
| Dato de la instalación | Valor aproximado |
|---|---|
| Longitud de la piscina | 62 metros |
| Anchura | 31 metros |
| Profundidad | 12 metros |
| Volumen de agua | más de 23 millones de litros |
| Temperatura del agua | en torno a 30 °C |
| Duración de una sesión sumergida | unas 6 horas |
| Relación de ensayo | unas 7 horas de agua por hora de salida |
El procedimiento completo, de la asignación al agua
El orden importa. Cada etapa depende de que la anterior haya cerrado, y saltarse una obliga a repetir las siguientes.
- Definición de la tarea. El equipo de operaciones extravehiculares escribe el procedimiento sobre plano: qué hay que tocar, con qué herramienta, en qué orden y cuánto se estima que lleva cada bloque.
- Ensayo en maqueta seca. Sin traje y sin agua, se recorre la secuencia sobre una réplica a escala real para detectar interferencias groseras y decidir dónde colocar los puntos de sujeción.
- Ajuste de talla. El traje estadounidense se monta con componentes intercambiables. Elegir la combinación correcta condiciona la movilidad de hombros y el alcance de los brazos durante horas.
- Equilibrado de lastre. Ya con el traje puesto y sumergido, se añaden pesos y flotadores hasta que el conjunto se queda quieto en cualquier orientación.
- Sesión de familiarización. Primera pasada lenta por la maqueta, sin cronómetro, para memorizar el recorrido y los asideros.
- Sesiones de procedimiento. Las repeticiones que de verdad consumen el presupuesto de horas. Se ejecuta la secuencia completa y se cronometra cada bloque.
- Contingencias. Se ensayan los fallos previstos: herramienta que no encaja, tornillo agarrotado, pérdida de sujeción, evacuación anticipada por un problema del traje.
- Realidad virtual. Traslados largos, manejo de masas grandes y práctica del sistema de autorrescate, que en la piscina no se puede reproducir.
- Configuración de herramientas. Cada útil recibe su amarre y su posición en el soporte. La regla operativa es que nunca haya nada suelto, ni herramienta ni persona.
- Ensayo integrado. Repaso de la cronología con el control de misión, con las comunicaciones y los tiempos reales, incluidas las pausas de consumibles.
- Preparación a bordo. Ya en órbita: revisión del traje, dimensionado final, protocolo de prerrespiración y apertura de la esclusa.
El paso que más se subestima es el cuarto. Un equilibrado mediocre convierte una sesión de seis horas en una lucha continua contra una tendencia a girar, y contamina todos los tiempos medidos ese día.
Por qué un traje presurizado se comporta como un globo rígido
El traje estadounidense trabaja a unos 4,3 psi de oxígeno puro, algo menos de un tercio de la presión de la cabina. Esa cifra baja se eligió precisamente para que el conjunto siga siendo manejable: cuanto mayor es la presión interna, más rígido se vuelve todo y más esfuerzo cuesta doblar cualquier articulación.
La razón es geométrica. Un volumen presurizado tiende a adoptar la forma que maximiza su capacidad, y doblar un codo reduce ese volumen. El traje se resiste a cualquier flexión con una fuerza proporcional a la presión interna. Las articulaciones se diseñan con pliegues y rodamientos que mantienen el volumen constante al girar, y ese es el motivo de que un traje moderno tenga anillos metálicos en hombros, muñecas y cintura.
Hay una consecuencia práctica: la masa del conjunto supera con holgura los cien kilos en tierra. En órbita no pesa, pero conserva toda su inercia. Detener un movimiento iniciado con esa masa exige fuerza real, aplicada a través de asideros, y ese es uno de los aspectos que la piscina disimula porque el agua frena por su cuenta.
El guante es el cuello de botella

Cualquiera que haya seguido de cerca una campaña de entrenamiento lo dirá sin dudar: lo que limita una salida son las manos. Cerrar un guante presurizado obliga a vencer la presión interna con cada movimiento de los dedos. La comparación más habitual es la de apretar una pelota de goma sin descanso durante seis horas.
Las consecuencias están documentadas. La fatiga del antebrazo aparece pronto, las yemas rozan contra la capa interior y las lesiones ungueales han sido un problema recurrente en las campañas de entrenamiento intensivo. Buena parte del ajuste de talla del guante persigue reducir ese roce sin perder sensibilidad.
Los guantes se ensayan en cámaras que combinan vacío y ciclos térmicos, además de bancos que repiten miles de flexiones. Tras encontrarse cortes en la capa exterior de un guante durante una salida, se incorporaron inspecciones visuales periódicas dentro de la propia EVA, con la tripulación revisando el estado del material a intervalos fijos.
Todo esto explica una decisión de diseño que a primera vista sorprende: los procedimientos se escriben para minimizar el número de agarres, no el número de movimientos. Es preferible un recorrido más largo con pocos agarres firmes que un atajo que obligue a sujetarse veinte veces.
Prerrespiración, o cómo se evita la enfermedad por descompresión
La cabina de la estación se mantiene a presión atmosférica con aire ordinario. El traje trabaja a menos de un tercio de esa presión. Pasar de una a otra sin más provocaría exactamente el mismo problema que sufre un buceador que asciende demasiado rápido: el nitrógeno disuelto en los tejidos forma burbujas.
Para evitarlo se purga el nitrógeno respirando oxígeno puro durante un periodo prolongado antes de bajar la presión. Se emplean dos estrategias. Una consiste en pasar la noche en la esclusa a presión reducida, lo que reparte la desaturación a lo largo de muchas horas. La otra, más rápida, combina un periodo de respiración de oxígeno dentro del traje con ejercicio ligero, porque el movimiento acelera el intercambio gaseoso; esa variante ronda las dos horas de duración.
El protocolo no es negociable y condiciona toda la planificación del día. También explica por qué una salida se cancela con facilidad: si el proceso se interrumpe, hay que reiniciarlo desde el principio, y eso desplaza la ventana disponible hasta hacerla inviable.
La fisiología asociada a estos protocolos forma parte del mismo cuerpo de conocimiento que estudia los efectos del vuelo espacial sobre el organismo, y sigue revisándose con cada campaña.
Realidad virtual, inercia y el ensayo del rescate
Hay tareas que el agua no puede representar. Trasladarse por el exterior de la estructura durante decenas de metros, manejar una pieza de varios cientos de kilos sin arrastre que la frene, o recuperar el control tras soltarse accidentalmente son situaciones que exigen otras herramientas.
Para eso se usan laboratorios de realidad virtual con visores y seguimiento de posición, combinados con dispositivos de cables que reproducen la inercia de una masa grande tirando del astronauta con la fuerza correcta en cada instante. La sensación de empujar algo pesado y notar cómo sigue moviéndose después no se consigue de otro modo.
El ensayo del autorrescate merece mención aparte. Los trajes llevan una mochila de propulsión de emergencia con toberas de nitrógeno y un mando manual, pensada exclusivamente para que alguien que se ha soltado pueda estabilizarse y regresar. Nunca se ha empleado en una situación real, y precisamente por eso se practica en simulador con regularidad.
Existe además una instalación que descarga parcialmente el peso mediante un sistema de cables activo, capaz de reproducir la gravedad lunar o marciana. Ese banco no sirve para las salidas en órbita, pero es el que se usa para preparar el trabajo en superficie de programas como el regreso a la Luna.
Dos escuelas de traje, dos formas de entrenar
Conviven dos linajes de traje operativo, con filosofías distintas, y cada uno impone su propio entrenamiento. El estadounidense se monta por piezas alrededor del cuerpo y se entra por la cintura; el ruso es una unidad rígida con una escotilla en la espalda por la que el cosmonauta se introduce de una vez.
| Aspecto | Escuela estadounidense | Escuela rusa |
|---|---|---|
| Presión interna | unos 4,3 psi (cerca de 30 kPa) | alrededor de 5,8 psi (cerca de 40 kPa) |
| Entrada al traje | en dos piezas, por la cintura | escotilla trasera, de una pieza |
| Ajuste de talla | componentes intercambiables | ajuste interno mediante correas |
| Tiempo de colocación | largo y con asistencia | concebido para pocos minutos |
| Prerrespiración | protocolo extenso por la presión baja | más breve, al ser la presión más alta |
| Instalación de ensayo | piscina de flotabilidad neutra en Houston | hidrolaboratorio en Ciudad de las Estrellas |
La diferencia de presión interna tiene un efecto directo en el calendario: una presión más alta acorta la desaturación previa pero endurece el traje y cansa más las manos. Ninguna de las dos soluciones es superior en abstracto; responden a compromisos distintos entre movilidad, tiempo de preparación y complejidad del sistema.
Lo que se ensaya en tierra y aun así se tuerce arriba

El historial de salidas desde la estación acumula varios cientos de operaciones a lo largo de más de dos décadas, y deja un patrón claro de dónde aparecen los problemas. Rara vez es la tarea principal: suele ser el acceso, la sujeción o una pieza que se comporta de forma distinta a la maqueta.
Los desbordamientos de cronología son constantes. Por eso cada salida lleva preparadas tareas de adelanto, trabajos secundarios que se ejecutan solo si sobra tiempo, y por eso el control de misión sigue el reloj con más atención que la propia tripulación. La salida más larga registrada superó las ocho horas y media, muy por encima de lo previsto ese día.
También hay fallos de sistema. La aparición de agua dentro de un casco durante una salida obligó a interrumpirla de inmediato y llevó a incorporar una almohadilla absorbente y un tubo respirador de emergencia como medida permanente. Fue un caso de manual sobre cómo un componente ajeno a la tarea puede terminar una EVA en minutos.
Y queda el factor menos cuantificable: el cansancio acumulado. Seis horas y media de trabajo con las manos dentro de un guante presurizado, después de dos horas de prerrespiración, dejan un rendimiento decreciente en el último tramo. Los procedimientos colocan a propósito las tareas más delicadas en la primera mitad. La agencia estadounidense publica las cronologías de cada salida, y comparar lo previsto con lo ejecutado es el mejor ejercicio para entender el margen real con el que se trabaja.
Preguntas frecuentes
¿Se puede entrenar una salida sin pasar por la piscina?
Para tareas muy sencillas y ya ejecutadas antes, existen procedimientos abreviados con maqueta seca y realidad virtual. Para cualquier operación nueva sobre estructura externa, la flotabilidad neutra sigue siendo insustituible, porque es lo único que permite ensayar la postura y el alcance con el traje puesto.
¿Por qué el agua está a treinta grados?
Por comodidad de los buzos de apoyo, que pasan sumergidos tantas horas como el astronauta pero sin traje aislante. El interior del traje se refrigera por circulación de agua fría en la prenda interior, de modo que la temperatura de la piscina no supone un problema para quien lo lleva puesto.
¿Cuánto pesa el traje y cuánto importa ese peso?
Supera los cien kilos en tierra contando la mochila de soporte vital. En órbita ese peso desaparece, pero la masa y su inercia permanecen intactas: frenar el conjunto tras iniciar un desplazamiento cuesta el mismo esfuerzo que en tierra, y ese es justamente el aspecto que el agua disimula.
¿Qué ocurre si alguien se suelta durante una salida?
El primer recurso es el amarre: la norma operativa exige mantener siempre al menos un punto de sujeción activo, y los amarres se comprueban antes de cada traslado. Si aun así se produjese una separación, el traje incorpora una mochila de propulsión de emergencia con la que estabilizarse y regresar. No ha hecho falta usarla nunca en una operación real.
¿Cuánto tarda una tripulación en estar lista desde cero?
La formación básica ocupa un par de años e incluye un fondo de horas de flotabilidad neutra. El ensayo específico de una salida concreta se concentra en los meses previos al vuelo.
La proporción de siete a uno resume bien el asunto: cada minuto de trabajo en el exterior se compra con casi una hora de ensayo en tierra. No es exceso de celo, es la consecuencia directa de que allí arriba no existe la posibilidad de repetir la maniobra.